23 diciembre 2007

"No echo de menos el Dakar sino andar"


Poco a poco el coche plateado que se veía a lo lejos se va haciendo más grande cuando se acerca. Lo mismo sucede con el hombre que está al volante, sólo cuando se le conoce realmente puede sentirse la grandeza de Isidre Esteve. El ilerdense, de 36 años, ya conduce, lleva un Seat Altea Freetrack adaptado y pilota con soltura, aunque a veces el freno se muestra más brusco de lo que pudiera parecer. Desde ese maldito 24 de marzo de 2007 que jamás olvidará, Isidre vive empeñado en cambiar la suerte de su destino. Tras meses de convalecencia en el hospital Vall D?Hebron, recaídas y luchas contra el señor que escribe el libro de la vida, el chico que un día pudo ganar el Dakar vive empeñado en ser feliz. Y estos catalanes del Pirineo son gente de convicciones.
En estos momentos, el piloto que siempre será vive en una de las encrucijadas de su dolencia. Tras hacerse amigo de su silla de ruedas ha terminado la rehabilitación en el Instituto Guttman y vive el regreso a una vida que nunca será normal. Esteve nunca lo fue. Este año no está preocupado por patrocinios, ni desarrollos de motos, ni se acuerda de mochileros o recorridos, pero seguirá vinculado a esa carrera de arena que un día fue su sueño: "Todo es diferente. Ahora trabajo cuatro horas diarias con Lidia, mi pareja y mi apoyo constante, y estoy contento porque voy a seguir presente en el Dakar, aunque de otra forma. Voy a estar con KTM los tres días de Lisboa y después iremos a la etapa de descanso a Nouakchott". Allí, Isidre colaborará con la Fundación Dakar Solidario: "Voy a ir con la primera silla que llevé en el Vall D?Hebron y la voy a entregar, además de las sillas de Dakar Solidario, que son otras setenta más".
Isidre se ha vuelto realista y ha dejado aparcada la utopía en un rincón del deseo. En sus sueños no aparecen motos ni victorias en el Dakar, ni siquiera el Lago Rosa: "A mí lo que me gustaría de verdad es poder andar y eso es lo que me cabrea. La moto es algo que ya ha pasado, que me hizo muy feliz durante mucho tiempo y soy un hombre afortunado por haber podido hacer lo que quería tantos años. Ahora ese tiempo ha pasado y hay otros retos. Claro que de alguna manera echo de menos el Dakar, pero no como poder andar. Y ahora mis esfuerzos se centran, sobre todo, en hacer aquellas cosas que antes hacía sin darle importancia y ahora son muy complicadas".
De cualquier modo, Esteve seguirá este año en la prueba: "Hemos grabado con Santiveri una serie de pequeños programas diarios para TVE en los que charlo con gente del Dakar, mecánicos, managers, periodistas... También colaboraré con la revista Solo Moto, para intentar acercar el Dakar a los lectores desde un punto de vista diferente y además voy a estar con TVE en los resúmenes diarioas del Dakar. Lo cierto es que voy a estar bastante ocupado, no voy a estar en la salida de la carrera como piloto, pero sí como integrante de la caravana, del entorno que rodea esta prueba legendaria".
Hablar con Isidre Esteve es como viajar a África. A veces uno se siente miserable por tener tanta suerte. Un viaje al continente olvidado es una universidad en la que se enseña a ser mejor persona y con este muchacho se aprende a tener esperanza en ese animal tantas veces degradado que es el ser humano. Sabe que su sueño está lejos, que quizá no pueda volver a caminar por las montañas de su tierra, pero Esteve tiene confianza y, como todos, un deseo para el año que está a punto de nacer: "Me gustaría que todas las líneas de investigación que existen sobre la regeneración de la médula espinal tuvieran avances importantes, en Wings For Life, la fundación en la que colaboro con Red Bull y otras entidades, se trabaja duro para que llegue una solución que quizá no nos haga andar de golpe, pero sí mejora tu calidad de vida y por supuesto lo mejor para los españoles del Dakar". Se le olvida pedir el regreso al Dakar, a su caravana de los sueños. Ya conduce por Barcelona en un coche plateado.

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